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    1   XXX Jornadas de Investigación y XII Encuentro Regional SI+ Configuraciones, Acciones y Relatos 6 y 7 de octubre 2016 PONENCIA (PAPER)   LOS MODELOS DE BELLEZA COMO CONFIGURADORES DE LOS RELATOS EN TORNO A LA MUJER. EL CASO DE BUENOS AIRES 1800-1810 LEONARDI Rosana, ROUSSOS Dafne, VAISMAN Sara rosanaleonardi@fibertel.com.ar  catedraleonardi@gmail.com   Equipo de apoyo de investigación: Lic. Grace Morrow. Pasantes:  Helga Soto  y Juan Cruz Alterini.   Sede de investigación: Instituto de la Espacialidad Humana, FADU  –  UBA Unidad de investigación: Historia y Crítica Breve Estado de la cuestión   En cuanto a los trabajos en torno a los ideales de belleza se encuentra el de Philippe Perrot (Perrot, 1894) en el cual se analiza la transición de las apariencias entre el Antiguo Régimen y el siglo XIX. La hipótesis del autor es que la burguesía del siglo XIX es la que impone su apariencia al resto de las clases sociales. Es decir la respetabilidad petrificada, como la llama, se convierte en el sistema de apreciación dominante a lo largo del siglo XIX. Para ello analiza los procedimientos y prácticas de embellecimiento del cuerpo femenino en los siglos XVIII y XIX. Las fuentes estudiadas remiten a Francia en ambos siglos, analiza también las publicaciones periódicas en torno a las propuestas de embellecimiento femenino en idéntico período. Dentro de las investigaciones en torno a los imperativos sociales de la belleza se encuentra la obra de George Vigarello (Vigarello, 2005). A partir del análisis de fuentes literarias, periódicos, manuales de comportamiento para mujeres y fuentes históricas diversas, construye en cada período estudiado el ideal de belleza y comportamiento prescripto tanto para mujeres como para varones. Para el siglo XIX dedica la cuarta parte del libro compuesta por tres capítulos. Como en el caso anterior, la mayoría de las fuentes estudiadas provienen del ámbito francés, en menor medida se hace alusión a temáticas similares en Inglaterra. Los imaginarios en torno al cuerpo, los procedimientos de embellecimiento y el estudio del talle propuesto por la indumentaria de cada período son los elementos investigados a lo largo de toda la publicación. Dentro de los estudios victorianos resulta sugestivo el artículo de Mariana Valdeverde (Valverde, 1989) que analiza la relación entre la indumentaria y la moral en los discursos religiosos, literarios, políticos y médicos del siglo XIX. A partir de dicho análisis discursivo identifica prendas y usos de las mismas que se cargan de connotaciones morales. La hipótesis de esta autora es que la idea del gusto por el lujo se transforma en condenatoria para las mujeres de clases bajas, no así para los sectores aristocráticos de la sociedad inglesa y norteamericana del siglo XIX. Analiza también cómo dicho gusto por la indumentaria lujosa es narrada desde el discurso moral como una de las razones o explicaciones de la caída de las mujeres trabajadoras en la prostitución. En el campo local dentro de los estudios feministas sólo se mencionan, en forma sesgada, los ideales de belleza a partir del intento del estudio del estatus real femenino. En esta línea son destacables los trabajos de Dora Barrancos (Barrancos, 2007).  Al momento no hemos encontrado, en el campo local, trabajos que propongan el estudio desde fuentes primarias literarias, periodísticas y de fondos documentales (AGN) acerca de la temática propuesta para el período estudiado. Aunque también en la línea historiográfica feminista existen abordajes de la figura y el estatus de la mujer a partir de la literatura, este es el caso de Nancy Hanway(Hanway,2003), Lea Fletcher (Fletcher,1993) y Francine Masiello (Masiello,1992). Estas autoras analizan la producción literaria femenina argentina a partir de la segunda mitad del siglo XIX, momento en el cual algunas mujeres logran dar a luz escritos y novelas propias.    2   Desde esta perspectiva sólo se analizan ciertas prescripciones hacia las mujeres y no se relacionan las mismas con el indumento utilizado en cada momento histórico. Hipótesis de trabajo   Las características socio económicas de la ciudad de Buenos Aires, entre 1800 a 1810, tanto como la coyuntura histórica dada en dicho período, brinda la posibilidad de estudiar cambios y permanencias en torno a los ideales sociales y políticos. De igual forma es posible indagar sobre los cambios y permanencias con respecto a la caracterización de los ideales de belleza femeninos tanto como a las formas de comportamiento esperados de una mujer residente en Buenos Aires entre 1800 a 1810. Como parte de esta problemática la indumentaria femenina cobra relevancia en tanto pone en juego el ser y el parecer producto de una sociedad en transformación. Estos tres elementos: ideales de belleza, comportamientos esperados e indumentaria, aportan indicios para estudiar el lugar social otorgado a la mujer en el período propuesto por este trabajo. La hipótesis inicial es que la belleza no es entendida como física sino como parte de la moral. Dentro de esta concepción sólo las mujeres de la elite son percibidas como bellas, virtuosas y con comportamientos e indumentaria adecuados al ser y parecer socialmente establecido como norma. Las mujeres de clases subalternas quedan fuera de este esquema, por tanto no es posible percibirlas como bellas. Marco teórico La temática propuesta para el desarrollo de este trabajo implica la utilización de diversas disciplinas propias de la historia y la historia del arte. Creemos necesario investigar los conflictos políticos y sociales del pasado dentro de la limitación conceptual de su época y del uso del lenguaje que hicieron las partes interesadas en el momento estudiado. Proponemos nuestra indagación adoptando la metodología de estudio de la historia conceptual elaborada por Reinhart Koselleck. Partimos de la base que nues tros conceptos “se basan en sistemas sociopolíticos que son mucho más complejos que su mera concepción como comunidades lingüísticas bajo determinados conceptos rectores. ”  (Koselleck, 1993, p 106) Los momentos de permanencia, del cambio y de la futuridad contenidos en una situación política concreta quedan comprendidos en la adquisición del lenguaje. Así, se tematizan ya  –  hablando aún genéricamente  –  los estados sociales y sus cambios. Metodología  A fin de probar la hipótesis antes dicha se procedió a trabajar con fuentes primarias tales como: el poemario de José Serra y Vall escrito entre 1807-1810, el Telégrafo Mercantil   y El Correo de Comercio, todos publicados en Buenos Aires, en el período estudiado.  A este fin se realizó el siguiente procedimiento: Ficha bibliográfica: Se seleccionaron las obras literarias tanto como poemarios circulantes en Buenos Aires entre 1800 a 1810. Se procedió a la lectura pormenorizada de los mismos a fin de aislar conceptos en torno a los ideales de belleza y comportamiento.  Al momento nos encontramos seleccionando las fuentes documentales inéditas pertenecientes a los diversos fondos del Archivo General de la Nación para continuar con la investigación planteada en el marco de los subsidios UBACyT. Los modelos de belleza y comportamiento tardo virreinales   El comportamiento ideal Desde el último cuarto del siglo XVIII entran en vigencia, de la mano de los Borbones, nuevos valores sociales que ponderan la industria y el comercio como las formas posibles de engrandecimiento del Imperio Español. Dentro de esta posición el pensamiento utilitarista se extiende también sobre el mundo femenino. Es en la obra del padre Benito J. Feijoó donde quedan plasmados buena parte de los ideales femeninos que permanecen vigentes a comienzos del siglo XIX. En el conocido Discurso XVI, Defensa de las mujeres, Feijoó (Feijoó, 1778) tiene por objetivo derribar prejuicios comunes para la época en torno a dicho género. Para ello procede a caracterizar la naturaleza de ambos sexos: a los hombres le son propias la robustez, la constancia y la prudencia; y a las mujeres    3   la hermosura, la docilidad y la sencillez. Dentro del comportamiento ideal femenino señala, el autor, a la candidez y la vergüenza como verdaderas vallas que separan la virtud del vicio. En cuanto al mundo femenino de la colonia, Jose Mariluz Urquijo (Mariluz Urquijo, 1988) aclara que hacia la segunda mitad del siglo XVIII se encuentran voces a favor de las reivindicaciones femeninas, así como también importantes transgresiones a las costumbres y leyes de la colonia. Aclara también que, ante las disputas familiares, los maridos hacen valer su jefatura legal del hogar para reprimir cualquier rebeldía inconveniente a sus propios intereses. Para el autor junto a la mujer frívola, aniñada y limitada al manejo del hogar, hacia la segunda mitad del XVIII aparecen otras que se interesan en los mismos asuntos que sus maridos y que procuran conocer las leyes que las atañen. En la misma línea Cristina Minutolo de Orsi (Minutolo, 1995) recuerda cómo en la segunda mitad del siglo XVIII las porteñas montaban diversas estrategias para incursionar en los espacios que les estaban vedados. De esta forma cuenta cómo las porteñas se trasvertían para poder asistir, por ejemplo, a la ceremonia de asunción de Pedro de Ceballos, para disfrutar de funciones teatrales o bien para escuchar a ciertas tonadilleras en establecimientos no muy bien catalogados.  Ahora bien, ¿qué se le pedía como ideal a una mujer de esos tiempos en Buenos Aires?, para responder esta pregunta se puede tomar como ejemplo el R etrato de una Señora Respetable  publicado el 25/11/1801 en el Telégrafo Mercantil  , “Muger   dichosa, su felicidad es ignorar lo que el mundo llama placeres; su gloria es vivir en las obligaciones de esposa y madre: ella consagra sus días á la práctica de las virtudes obscuras: ocupada con el gobierno de su familia, reyna sobre su marido por la complacencia: sobre sus hijos por la dulzura; sobre sus domésticos por la bondad; su casa es la morada de los sentimientos de la Religión, del amor conyugal, de la ternura materna, del órden, de la paz interior, del tranquilo sueño, y de la salud: ecónomo y sedentaria aleja de su habitación las pasiones y las necesidades: nunca despide sin consuelo al humilde indigente, que se aserca á sus puertas, y el hombre licencioso jamás osa ponerse en su presencia; ella tiene un carácter de moderacion y de dignidad, que la hace respetar: de indulgencia y de sensibilidad, que la hace amar; de prudencia y de entereza, que la hace temer: ella arroja de sí un calor apacible, y una luz pura, que alumbra y vivifica quanto la rodea:¡Muger feliz! ¡Qué preciosa eres á los ojos de la Religión y de la Filosofia!”  Este pequeño texto permite observar una serie de parámetros ideales, deseables para una señora respetable: deberá ser complaciente, dulce, buena, religiosa, prudente, moderada, digna, ecónoma y sedentaria; incapaz de exabruptos. También como buena cristiana debe respetar, amar y temer. Es claro que la mujer a la cual refiere el párrafo es una mujer burguesa, por tanto moderna a la cual se le impone el amor conyugal y la ternura materna casi como un imperativo ético, ya que “su gloria es vivir en las obligaciones de esposa y madre”.   Así como la ilustración católica pide del rey y el clero eficiencia, también en el interior de la morada se le exige a la mujer el buen gobierno, el orden interior, la indulgencia y la sensibilidad. En este marco de cambios y permanencias siguen vigentes valores tales como la caridad cristiana, que, bajo un tamiz resignificado, posee una utilidad precisa, es un paliativo a la desigualdad social y la mujer será el vehículo por excelencia de su aplicación porque, “nunca despide sin consuelo al humilde indigente”. En este sentido la mujer, en su aspecto caritativo, proyecta el interior del hogar hacia el afuera. La caridad será sustentada por la ordenadora, la guardiana de la felicidad. El conjunto casa, habitación, puerta, cuerpo femenino, en un encadenamiento lógico para la mirada de la época, sigue siendo el lugar físico y simbólico de residencia del honor familiar, ya que “el hombre licencioso jamás osa ponerse en su presencia”. Reafirmamos con este pequeño texto que las virtudes exigidas a la señora respetable tienen como marco el interior de la casa; el mundo exterior sólo puede acarrear placeres no lícitos, máculas de la respetabilidad de las mujeres de la elite colonial. El espacio interior es entonces el que albergará las virtudes femeninas. En concordancia con las metáforas de la razón el artículo identifica a la mujer virtuosa con la luz, “una luz pura, que alumbra y vivifica cuanto la rodea”. Pero también, acorde con el pensamien to de la ilustración católica, esta misma mujer debe aspirar a la gloria como virtud teologal. Que será alcanzada a través de las obligaciones de esposa y madre, que se realizarán al interior de la casa donde se le otorga el gobierno y el reinado.  A partir del relato del Telégrafo Mercantil   esta señora respetable se convierte en la síntesis ideológica de las políticas reformistas ilustradas .El lugar que este proyecto político otorga a la mujer es el de convertirse en puntal de las prácticas religiosas asociadas a la razón, la actividad femenina debía ser el freno a la superchería. En tanto sostenedoras del orden religioso, y económico familiar serán parte del engrandecimiento del Estado.    4   Para este fin, el hogar concebido como espacio interno, como refugio, era también la base de la sociedad colonial de donde emanaba la felicidad, es decir el orden y la abundancia. Desde el interior del hogar refugio la señora también acompañaba las prácticas públicas que preveía la legislación reformista. Pero en este texto resuenan también las propuestas de tono moralizante de Antonio Arbiol en La Familia Regulada (Arbiol, 1739),   Si bien esta obra se publicó por primera vez a comienzos del siglo XVIII, se reimprimió y publicó hasta 1805 extendiendo su influencia a lo largo del siglo XVIII y a comienzos del XIX. Tal como también lo demuestran las obras de carácter popular de Cristóbal de Aguilar que, afincado en la ciudad de Córdoba, pintó su tiempo. Como sostiene Daisy Rípodas Ardanaz (Rípodas Ardanaz, 1991), en las obras de Aguilar, los conceptos del orden social como jerarquías terrenales establecidos por Dios, así como también el orden paternalista dentro del núcleo familiar obedecen a lo propuesto por Arbiol en la familia regulada. Por tanto las resultantes modélicas de los esposos prudentes e imprudentes encuentran allí su antecedente. Pero, producto de los cambios ideológicos relacionados con las ideas de la ilustración, Aguilar se diferencia de las propuestas de Arbiol con respecto al esquema de educación de las mujeres. Va a proponer la necesidad del adiestramiento femenino en torno a la lecto escritura así como también las ventajas de la enseñanza de la música y el canto para las jóvenes contemporáneas. Estas recomendaciones se entienden dentro del tono didáctico y utilitarista de buena parte de la obra de este autor en consonancia con el tiempo que le tocó vivir. De esta forma el ideal modélico de la esposa prudente exige que las féminas sean hacendosas, económicas, pacientes aun cuando el marido no cumpliera con las exigencias previstas para los varones. Por oposición la esposa imprudente queda definida como litigiosa, ociosa, gastadora y poco honesta. En la obra del barcelonés José Serra y Vall, llegado a Buenos Aires en 1786, se encuentran también elementos acerca de dicho ideal. Don José es un católico ferviente, atravesado por los conceptos de la Ilustración. Hacia 1807 comienza a escribir una serie de versos donde reúne lecturas, pensamientos y su propia voz. Las influencias son eclécticas, desde los clásicos greco latinos hasta algunos de los pensadores del siglo XVIII y comienzos del XIX. La mayor parte de los versos, como lo indica en el estudio preliminar Daisy Ripodas Ardanaz, son de un fuerte sentido moral. De esta forma se encuentran una serie de prescripciones tanto para el comportamiento femenino como para el masculino. Si bien no se trata de un gran escritor o poeta, como él mismo lo destaca, los versos permiten la reconstrucción de las características constitutivas de la mujer deseada o ideal. La mirada de Don José es conservadora y muestra una doble apreciación de lo femenino que oscila entre lo que considera el deber ser y lo que efectivamente observa. A menudo las sentencias son desfavorables para las mujeres a quienes cataloga de veleidosas, fingidoras, astutas, indiscretas, perversas y demás epítetos similares. Considera también negativa la astucia femenina ya que la asocia con el fingimiento y el engaño. Infamia, perversión, indiscreción y locura son puestas en pie de igualdad como causas fatales de infelicidad para el varón al que le tocara en suerte tamaña mujer. El srcen de estos males, como ferviente católico que era, lo encuentra en Eva quien “Nos causó un millón de males, a las criaturas todas.”  Por todo esto, Don José aclara, en el verso 394, que con una pobre y virtuosa se debe casar un hombre para sobrellevar “esta vida molestosa”.  De la lectura de otros versos se amplían las características del ideal femenino propuesto por Don José, no sólo deberá la mujer ser pobre y virtuosa, sino también honesta, prudente, sencilla, sierva de Dios y cuidadora de la familia. Dentro del esquema de este autor, aquella mujer que guste de lujos tanto como la indiscreta y la ignorante traerán problemas al marido. Para evitar, entonces, estos males será necesaria la educación femenina. Si bien Don José no da grandes precisiones sobre la misma advierte que a menudo la falta de concentración y el capricho, que considera propio del comportamiento femenino, conspiran contra dicho fin.  Al igual que en el Retrato de una Señora Respetable , Serra y Vall propone, como parte de la conducta esperable de la mujer, la dedicación al interior del hogar. La ociosidad del paseo y la diversión pervierten el orden instituido, y desvían la obligación de la verdadera devoción familiar. En la obra de Aguilar en el diálogo “Carnaval”, Doña Segunda y Don Fadrique  encarnan la sinrazón de las carnestolendas. Por esta vía de crítica se encuentra reflejado el comportamiento no deseado de una mujer tardocolonial. Doña Segunda es tildada de casi loca por exhibir una conducta desprejuiciada y juguetona. “Los quiebros, la s contorsiones y los ridículos gestos” son percibidos como impropios para una mujer de “mediano nacimiento”, es decir de la elite. De igual forma el uso de un nivel de lengua propio de las clases inferiores desacredita el comportamiento de Doña Segunda.
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