Para la biografía de Bances Candamo: documentación inédita en el archivo de los Duques de Alba

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  Para la biografía de Bances Candamo: documentación inédita en el archivo de los Duques de Alba
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    PARA LA BIOGRAFêA DE BANCES CANDAMO: DOCUMENTACIîN INƒDITA EN EL ARCHIVO DE LOS DUQUES DE ALBA  Miguel Zugasti Universidad de Navarra- GRISO   1. S INOPSIS DE LA VIDA DE B ANCES C ANDAMO  En el Archivo de los Duques de Alba, sito en el madrile–o palacio de Liria, se custodian varios manuscritos inŽditos que arrojan algo de luz sobre la figura de Francisco Antonio de Bances Candamo (Sabugo, AvilŽs, 1662-Lezuza, Albacete, 1704). Este escritor vivi— en las postrimer’as del barroco y a lo largo de su trayectoria experiment— tanto el triunfo y reconocimiento sociales como el ostracismo. En los manuales de literatura al uso se le concede un breve espacio en el grupo de los dramaturgos finiseculares, imitador del estilo calderoniano; Rozas lo denomin— con bastante fortuna Çescritor l’miteÈ 1 . Olvidado y poco le’do, en la actualidad hay una marcada tendencia a reeditar su obra (Moir, Garc’a Casta–—n); el GRISO de la Universidad de Navarra (sobre todo Arellano, Oteiza y Zugasti) viene publicando desde hace a–os su teatro (loas, comedias, entremeses), y pronto le llegar‡ el turno a los autos sacramentales 2 . Algœn elemento disperso de su vida desgran— Bances Candamo en sus versos y en su tratado de preceptiva dram‡tica titulado Teatro de los teatros de los  pasados y presentes siglos , los cuales s—lo alcanzaron a publicarse de forma p—stuma: Obras l’ricas  (con ediciones en 1720, 1729 y 1949) y Teatro de los teatros  (obra que dej— inacabada, en tres versiones, y que vio parcialmente la luz en 1901-1902 y, de modo definitivo, en 1970). Pero casi todo lo que hoy sabemos de su biograf’a procede de los ensayos de Juli‡n del R’o Mar’n, Francisco Cuervo-Arango y Duncan W. Moir. Del R’o Mar’n fue coet‡neo de Bances y tras su muerte quiso rescatar del olvido algunos de sus versos en el volumen titulado Obras l’ricas  (1720, reeditado en 1729 con algunas 1  Rozas, 1965. 2  Ver datos completos en la bibliograf’a final.  598 M IGUEL Z UGASTI   correcciones), ubicando entre los preliminares una ÇVida y escritos de don Francisco Antonio de Bances CandamoÈ que constituye la base de ulteriores aproximaciones biogr‡ficas. Un car‡cter m‡s acadŽmico imprime Cuervo-Arango a su ÇEstudio bio-bibliogr‡fico y cr’ticoÈ (1916), quien aporta algœn aut—grafo y documentos srcinales sobre Bances. Tenemos por œltimo las investigaciones de Moir, detalladas en un largo ÇPr—logoÈ a su edici—n del Teatro de los teatros  (1970). Resumiendo mucho podemos decir que Bances Candamo habr’a nacido en la parroquia de Sabugo, AvilŽs, provincia de Asturias, el 26 de abril de 1662, siendo bautizado el inmediato 4 de mayo (no se conserva su partida de bautismo). A los diez a–os de edad ya estaba en Sevilla, bajo el cuidado de un t’o suyo can—nigo, donde se orden— de menores el 16 de diciembre de 1672. En la Universidad de Sevilla se gradu— en filosof’a y jurisprudencia, obteniendo despuŽs el doctorado en derecho can—nico 3 . All’ publica un soneto entre los preliminares del libro de Francisco de Godoy  Ap—logo membral, discurso  jocoserio moral y pol’tico  (Sevilla, Juan Vejarano, 1682). Con poco m‡s de veinte a–os se traslada a Madrid y adquiere fama de hombre letrado y poeta ingenioso. Empieza a escribir espect‡culos teatrales para la corte y en 1685 estrena Por su rey y por su dama , comedia acompa–ada de loa, sainetes y fin de fiesta. Bances Candamo tuvo el raro privilegio de ser nombrado dramaturgo oficial de corte por Carlos II, con mil ducados de renta. El propio escritor nos lo recuerda en un par de ocasiones: Me hallo ellegido de su majestad por su Real Decreto para escribir œnicamente sus festejos, y con renta asignada por ello 4 . Me diera just’simo t’tulo el ser œnicamente nombrado del rey nuestro se–or, por su Real Decreto, para escribir sus festejos, cuyo honor por decreto (aunque ha habido otros que le mereciesen mejor que yo) ninguno hasta hoy le ha tenido 5 . No hay consenso sobre la fecha de tal nombramiento, abriŽndose un abanico que abarca desde 1683 hasta 1687, quiz‡s m‡s cerca de este œltimo a–o que del anterior. Escribi— una veintena larga de comedias y cuatro autos sacramentales, sin contar las piezas cortas (loas, sainetes, entremeses, fines de fiesta) que iban de necesario acompa–amiento en todo gran espect‡culo teatral. Algunos de sus estrenos est‡n bien documentados:  La restauraci—n de Buda  (1686),  El primer duelo del mundo  (1687),  El mayor monstruo de amor  (1687),  Duelos de Ingenio 3  Bances Candamo, Teatro de los teatros , pp. 58 y 91. Cito siempre por la edici—n de Moir, 1970, con la salvedad de que modernizo las graf’as. 4  Bances Candamo, Teatro de los teatros , p. 56. 5  Bances Candamo, Teatro de los teatros , p. 93.  P ARA LA BIOGRAFêA DE B ANCES C ANDAMO  599  y Fortuna  (1687), Fieras de celos y amor  (1690),  El duelo contra su dama  (1691),  El gran qu’mico del mundo  (1691),  Las mesas de la Fortuna  (1691),  El esclavo en grillos de oro  (1692) y C—mo se curan los celos  (1692). Es probable que su œltima comedia fuese  La piedra filosofal , estrenada en el palacio real ante sus majestades el 18 de enero de 1693. Reposiciones varias se hicieron en fechas inmediatas:  El duelo contra su dama  y  El Austria en JerusalŽn  (en Valladolid, en 1694 y 1695 respectivamente),  M‡s vale el hombre que el nombre  y ÀCu‡l es afecto mayor, lealtad o sangre o amor?  (en Madrid, en 1696 y 1697). Estos a–os de intensa actividad literaria y fama fulgurante le granjearon tambiŽn algunos enconados enemigos, como se–ala Del R’o Mar’n: La buena fortuna con que empez— en la corte, la gracia que se concili— del rey y la estimaci—n que hac’an de Žl todos los hombres de respeto, produjo tan malos efectos en la envidia que empez— a delirar, culp‡ndole todas sus acciones igualmente, procurando cada Žmulo ense–arle sin advertirle, para tener ÑhaciŽndole como quisieraÑ m‡s que murmurarle 6 . El mismo bi—grafo a–ade a rengl—n seguido que Çreconociendo no pod’a resistir a la emulaci—n [É], se resolvi— a dejar la corte y empezar a industriarse en empleos que pudiesen ser de utilidad al rey y a la patriaÈ 7 , lo cual debi— acontecer en 1693 o en los primeros meses de 1694. Moir va m‡s all‡ y aventura que la precipitada salida de Bances de Madrid se debi— a sus arriesgadas tesis pol’ticas y sucesorias expuestas en piezas del tenor de  El esclavo en grillos de oro , C—mo se curan los celos  y  La piedra filosofal , representadas en el contexto del problema sucesorio de la corona espa–ola, cuando ya se ve’a clara la impotencia de Carlos II  para engendrar un heredero 8 . Sin embargo Arellano matiza mucho tal punto de vista y deja entrever los riesgos de establecer estrictas homolog’as entre el teatro y la realidad hist—rica cortesana del d’a a d’a, apuntando al sentido ‡ulico de tales piezas, concebidas dentro del reconocido modelo de la educaci—n de pr’ncipes 9 . Desde luego es impensable que Bances Candamo insinuara una m’nima cr’tica al rey o la monarqu’a absoluta como instituci—n, pero no hay duda de que se gan— algœn poderoso enemigo que le inst— a tomar la decisi—n de abandonar Madrid y dejar radicalmente de escribir teatro; este alto personaje bien pudo ser el Duque 6  Del R’o Mar’n, 1729, fols. ¦4v-¦5r   (citas modernizadas). 7  Del R’o Mar’n, 1729, fol. ¦5r.   8  Ver Moir, 1970, p. XXXII : ÇBances parece haberse pasado de raya [sic].  La piedra  filosofal  no pudo menos de provocar clamorosas protestas y acusaciones por parte de sus adversarios pol’ticos y dram‡ticos, y tales acusaciones, a mi parecer, debieron de ser lo que le oblig— a dimitir de su cargo y retirarse de la corteÈ. 9  Arellano, 1988.  600 M IGUEL Z UGASTI   de Medina Sidonia (como luego se ver‡) o cualquier otro ministro de Carlos II . Aun as’ Bances no arrincon— del todo la pluma y a esta œltima Žpoca pertenecen varias poes’as sueltas y un largo poema Žpico titulado  El CŽsar africano , dedicado a la conquista de Tœnez por Carlos V . Destaca el romance ÇAl primer ministroÈ 10 , el entonces Almirante de Castilla don Juan Tom‡s Enr’quez de Cabrera, por su contenido autobiogr‡fico. En tono recriminatorio, el poeta (ya sea en met‡fora de tronco que ha de ser modelado por su noble protector, o ya sea pint‡ndose a s’ mismo como un pretendiente m‡s) se queja al Almirante de tibieza en su patronazgo: El tronco que para estatua vuestro escoplo hab’a elegido, descortezarle y dejarle fue destrozo y no principio. Ni simulacro ni tronco le deja vuestro desv’o: o dadle lo figurado o volvedle lo mordido. Para no darle car‡cter mejor fuera no elegirlo, pues lo desechado solo dej‡is en Žl esculpido ( Obras l’ricas , 1729, p. 64). Casi un a–o por los patios de pretendiente novicio vuestra silla me ha trotado, mi deseo me ha corrido. Mirad en vos cu‡nto cansa aun la esperanza de un hijo, con no costaros los pasos de esta pretensi—n fastidio ( Obras l’ricas , 1729, pp. 68-69). En este mismo poema es donde se cita con bastante desdŽn al Duque de Medina Sidonia, don Juan Carlos de Guzm‡n: A Duque sin sueldo he estado condenado y aun precito. Sin conocer yo a Medina me mandasteis vos servirlo; a Žl y a m’ todo este tiempo a vuestra cuenta he sufrido. 10  Bances Candamo, Obras l’ricas , 1729, pp. 63-85.  P ARA LA BIOGRAFêA DE B ANCES C ANDAMO  601 ƒl me arroja, y yo de vos, que me enviasteis, me despido ( Obras l’ricas , 1729, p. 75). En otros pasajes se lamenta de las malas interpretaciones de sus versos que aviesamente hacen contra Žl sus enemigos, imaginando s‡tiras donde no las hay: Por representar mis versos a mi ruina dirigidos, Tespis manch— con sus heces mil caras a tres amigos. ÁQuŽ de ellos meten de gorra su censura en los corrillos! ÁBravos vinagres me salen estos que se me han torcido! [É] No han tenido las Pandectas  m‡s glosas que mis escritos, ni a sus libros se han hallado concordes tantos sentidos. [É] ÀHay cosa como que un tonto me vea lo que imagino y penetre lo que callo quien no entiende lo que digo? [É] De mis versos hacen todos s‡tiras que yo no explico; o escribidlas de los vuestros o pagadlas si os las sirvo ( Obras l’ricas , 1729, pp. 71-74). M‡s quejas, en fin, de un tenor parecido, se hallan en otros poemas suyos como este soneto, del cual reproduzco los œltimos versos: A m’, sin gusto ya, sin convenencia, perseguido del odio y la arrogancia, me ha venido a faltar la tolerancia al continuo limar de la violencia. DirŽis que del destino a los vaivenes oponga la cerviz y el pecho iguales, labrando altas coronas a mis sienes, mas yo digo que en ansias tan fatales o me alternŽis la gloria de los bienes o me sufr‡is la queja de los males ( Obras l’ricas , 1729, p. 86). Para precisar su destino una vez abandonada la corte y la escritura profesional de espect‡culos dram‡ticos, resulta obligado volver al esbozo biogr‡fico trazado por Del R’o Mar’n. Aqu’ se observa que Bances Candamo no qued— desprotegido ni abandonado a su suerte, sino que sigui— gozando de un oficio real, aunque tuvo
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