El Paititi y las expediciones incas en la selva al este del Cusco. En: Isabelle Combès y Vera Tyuleneva (eds.) Paititi: Ensayos y documentos. Serie Scripta Autochtona 8. Cochabamba: Instituto Latinoamericano de Misionología – Editorial Itine

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  El Paititi y las expediciones incas en la selva al este del Cusco. En: Isabelle Combès y Vera Tyuleneva (eds.) Paititi: Ensayos y documentos. Serie Scripta Autochtona 8. Cochabamba: Instituto Latinoamericano de Misionología – Editorial Itinerarios.
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  EL PAITITI Y LAS EXPEDICIONES INCAS EN LA SELVA AL ESTE DEL CUSCO Este trabajo fue escrito en el año 2007 para el libro de artículos “Atlas Amazónico del Cusco”, edición que nunca vio luz. Aquí se ofrece una versión revisada del artículo. Introducción El término ‘Paititi’ por lo general se vincula estrechamente con las posibles expediciones y/o migraciones desde la serranía andina hacia la selva amazónica. La  palabra ‘Paititi’ en las diversas fuentes históricas puede designar un río, una laguna, una región, una montaña o aludir al nombre propio de un jefe de cierto grupo étnico en la selva alta o en las llanuras. El hipotético srcen histórico y los vínculos geográficos de las numerosas leyendas del Paititi son tratados con mayor detenimiento en el artículo “La tierra del Paititi y el   lago Rogoaguado” (Tyuleneva 2007 y 2010) . El presente texto, en cambio, está enfocado en el otro lado del problema, en las fuentes escritas acerca de las entradas de los ejércitos cusqueños en los vastos e inhóspitos territorios de la Amazonía. El tema de la expansión del imperio Tawantinsuyu hacia el oriente, cada año genera mayor interés entre los investigadores. Surgen nuevos datos históricos y evidencias arqueológicas. El círculo de fuentes crece y sus interpretaciones se vuelven más precisas y sofisticadas.  No pretendemos proporcionar grandes revelaciones en este campo, que ha sido labrado intensamente por varios destacados especialistas (Levillier 1976, Saignes 1985, Renard Casevitz, Saignes y Taylor 1988, Pärssinen [1992] 2003, Siiriäinen y Pärssinen 2001, Pärssinen y Siiriäinen 2003, entre otros), sino compilar, organizar y comparar los textos ya conocidos y publicados, que narran las expediciones conquistadoras incas. Para no extender demasiado el área de nuestro estudio, nos limitaremos estrictamente a los relatos de las entradas incas al este del Cusco, dejando de lado tanto la nutrida historia de las expediciones españolas en busca de la ‘noticia rica’ , como las descripciones geográficas  per se . Los arriba mencionados trabajos de nuestros antecesores, han citado y analizado la gran mayoría de los documentos que sirven como base para nuestro artículo. No obstante, nos queda cierto espacio de acción. Cada historiador generalmente da preferencia a algunas fuentes frente a otras. Las interpretaciones, en muchos casos, son discutibles. Haciendo nuevas comparaciones de textos conocidos, a veces podemos obtener conclusiones inesperadas. Un detalle que resulta bastante irritante en muchos estudios históricos es el de las citas fragmentadas de las fuentes. El historiador extrae del texto srcinal la parte que considera la más importante y resume el resto, dejando al lector la libertad de acudir a la fuente si lo desea. Cuanto mayor es la cantidad de documentos citados, mayor es el  problema, porque el lector se ve obligado a una gran travesía por las bibliotecas para llegar a apreciar plenamente el contenido del estudio. Además, hay que tomar en cuenta que no todas las fuentes son de fácil acceso. Tratando de evitar este defecto, hemos reunido en el anexo todos los textos a los que hacemos referencia. De esta manera damos al lector la oportunidad de analizarlos independientemente y notar detalles que, tal vez, escaparon de nuestra vista.  El anexo presenta fragmentos de diversa extensión tomados de quince autores. Las citas están dispuestas en orden cronológico, según la fecha de cada fuente, por lo tanto su secuencia en el anexo no coincide con el orden de mención en el artículo. Entrada a los ‘antis’ de los tiempos de Inca Roca Aunque la mayoría de los cronistas omite este episodio, hay varios autores quienes hablan de las primeras incursiones inca s a los ‘antis’ y ‘chunchos’ en los tiempos de Inca Roca. ‘Antis’ y ‘chunchos’ son términos genéricos aplicados por la tradic ión andina a los grupos étnicos selváticos. Posiblemente, se srcinaron en ciertas regiones específicas y en el principio designaban a algunas etnias concretas, pero su uso por parte de los cronistas es, en muchos casos, indiscriminado. Algunos autores, desde la época colonial, intentaron delinear las supuestas fronteras geográficas correspondientes a cada uno de estos términos. En uno de los trabajos de France-Marie Renard de Casevitz (1981) los ‘antis’ se identifican como un conjunto de grupos étnicos Ara wak que  poblaban la corriente baja del río Apurimac (actualmente machiguengas y ashánincas). El análisis del término ‘chunchos’ por Thierry Saignes (1981: 154) sugiere que bajo este nombre se conocían varios grupos de la familia lingüística Tacana (y posiblemente también Pano), hoy en gran parte desaparecidos, que habitaban entre los ríos Beni y Madre de Dios. Los ‘antis’ al parecer son varios grupos de l a familia lingüística arawak de las cuencas del Madre de Dios y del Ucayali. Muy a menudo en estas palabras se percibe un matiz despectivo, son sinónimos de la  barbarie. Los textos de Cieza de León, Betanzos, Garcilaso (Anexos 02a, 03, 09b), tanto como muchos otros, transmiten una imagen claramente denigrante de los pueblos amazónicos: son caníbales, andan desnudos, no cultivan la tierra, no tienen poder  político centralizado, en otras palabras, no gozan de los ‘logros de la civilización’. Puede parecer que esta imagen es producto de una visión europea, pero lo más probable es que este desprecio haya sido heredado por los españoles de la población nativa de la sierra. Los inca s y otros pueblos andinos ‘civilizados’ se sentían, antes de la llegada de los europeos, indudablemente superiores frente a las tribus del bosque tropical. Volviendo a los tiempos de Inca Roca, encontramos una curiosa referencia a este gobernante en la “Nueva Corónica” de Guaman Poma (Anexo 11a). El cronista nativo afirma que, para conquistar a los chunchos, Inca Roca, junto con su hijo, se convertían en jaguares. En muchos grupos amazónicos existía, y todavía persiste, la creencia de que una persona con poderes especiales (jefe o brujo) puede convertirse en jaguar para vengarse de sus enemigos y adquirir influencia y respeto entre sus vecinos. Hemos r  ecogido numerosas leyendas sobre ‘ti gre- gentes’ en las temporadas de trabajo de campo 2005 y 2006 en el departamento del Beni, Bolivia (véase Tyuleneva 2006, 2010). El hijo del Inca Roca, quien se transformaba en jaguar y bajo esta forma se dedicaba a la conquista de los chunchos, según Guaman Poma se llamaba Otorongo Achachi. El cronista dedica a este personaje un capítulo entero, con su respectiva ilustración. El mismo nombre de este guerrero pone en evidencia su vínculo con la selva: Otorongo (o  uturunku) en quechua significa ‘jaguar’, mi entras Achachi es un vocablo aymará que se traduce como ‘abuelo’, según el diccionario de Ludovico Bertonio.  El mismo Guaman Poma menciona a otro príncipe con el mismo nombre, varias generaciones después del Inca Roca, nombrándolo entre los hijos legítimos del Inca Tupac Yupanqui (Guaman Poma [1616]1987:106). Puede ser que el cronista haya entrado en confusión duplicando la figura de Otorongo Achachi, pero también se podría admitir la posibilidad de la existencia de dos personajes que llevaban este nombre. Un personaje con el mismo nombre figura en varias otras crónicas (Sarmiento: anexo 06a; Cabello de Balboa: anexo 07b; Pachacuti: anexo 10a; Murúa: anexo 12a) como  pariente (hermano o primo) del Inca Tupac Yupanqui. Este nuevo Otorongo Achachi  jugó un papel protagónico en la expedición selvática organizada por Tupac Yupanqui, de la cual hablaremos a continuación, y que según Sarmiento de Gamboa (Anexo 06b) estuvo deambulando por los bosques durante tres años. Otro autor que nombra al Inca Roca en el contexto de la conquista de la Amazonía, es Cabello de Balboa, su texto describe una situación muy peculiar que también involucra al hijo del Inca gobernante (Anexo 07a). Según esta versión, el príncipe heredero Yahuar Huacac fue secuestrado por los indios selváticos y comenzó a llorar sangre (lo cual dio srcen a su nombre). Los secuestradores, aterrados por el mal augurio, lo devolvieron al padre y le ‘dieron obediencia’. El cronista que más atención dedica a las victorias del Inca Roca contra los nativos del Antisuyu, es Garcilaso (Anexo 09a). Garcilaso, con su visión idealizada del imperio inca, rechaza con indignación la versión de Cabello de Balboa acerca del secuestro,  porque considera tal comportamiento imposible para los fieles súbditos que adoran a su emperador. Según él, Yahuar Huacac, siendo príncipe, conquistó para su padre, con mano armada, las tierras al este del río Paucartambo, en la corriente alta del río Madre de Dios. Conocido como poco confiable y fantasioso, Garcilaso sin embargo es bastante específico nombrando topónimos del territorio anexado por Yahuar Huacac, entre ellos Pilcopata y Tono, nombres que se conservan en la zona hasta hoy (pueblo de Pillcopata y río Tono). Tal precisión en las referencias geográficas se explica con el hecho de que Garcilaso había heredado de su padre unas tierras en la zona del Alto Madre de Dios, en el lugar denominado Hauisca, como él mismo lo indica. Su viva descripción del camino que llevaba hacia aquellos alejados parajes, hace pensar que él, al menos una vez en su vida, ha visitado en persona esta propiedad. Tanto Garcilaso como Guaman Poma vinculan las conquistas del tiempo de Inca Roca con la implementación de los primeros cultivos de coca de gran extensión en las tierras del Tawantinsuyu. Según Guaman Poma, fue precisamente Inca Roca quien introdujo el consumo de la hoja de coca entre sus súbditos. Mientras Garcilaso toma una actitud respetuosa hacia la planta sagrada, Guaman Poma explícitamente critica su uso como vicio (Anexo 11b). Expedición de los tiempos de Pachacutec y Tupac Yupanqui  En varias crónicas a lo largo de los primeros cien años de la época colonial figuran narraciones que parecen aludir a un mismo episodio histórico: una importante incursión inca en la Amazonía (Quipucamayos: anexo 01; Cieza de León: anexo 02a y 02b; Betanzos: anexo 03; Memoria: anexo 04; Sarmiento: anexo 06b; Cabello de Balboa: anexo 07b; Pachacuti: anexo 10a; Murúa: anexo 12a). Sin embargo, esos testimonios dejan un amplio lugar a dudas, pues es posible que se trate de varios viajes diferentes, fundidos dentro de la tradición oral en un solo episodio. Entre las fuentes no hay concordancia completa acerca del Inca gobernante al que se debe atribuir esta hazaña. Según los Quipucamayos de Vaca de Castro, el mérito de la conquista le pertenece enteramente a Pachacutec. Los demás autores nombran a Tupac Yupanqui como realizador directo de la expedición. Sin embargo, Betanzos y Cabello de Balboa hacen hincapié en el hecho de que el Inca Pachacutec, padre de Tupac Yupanqui, todavía estaba vivo cuando se hizo este viaje, aunque ya era muy anciano  para participar en él, por lo tanto el episodio cabría dentro de su reinado. Sarmiento, en cambio, afirma que Tupac Yupanqui inició la entrada después de la muerte de su padre,  pero en realidad su objetivo era reconquistar los territorios que ya anteriormente habían sido conquistados por Pachacutec y que se habían rebelado contra el poder del Tawantinsuyu. Además del mismo Tupac Yupanqui, la mayoría de las crónicas menciona al ya comentado en el capítulo anterior Otorongo Achachi como a uno de los protagonistas de la entrada. Otro capitán de la campaña, según Sarmiento, Cabello de Balboa y Murúa, se llamaba Chalco/Pochalco Yupanqui. Los dos últimos autores también hacen referencia a un hermano del Inca Tupac Yupanqui, con el mismo nombre, quien se destacó en el campo de guerra tomando prisionero a un importante jefe local. Los nombres de los demás capitanes no se repiten de un texto a otro. Sarmiento habla de Apo Curimache. Pachacuti Yamqui incluye una larga lista de acompañantes del Inca: “ Kapac Uari y Apo Quibacta y a otro de los Chillqui y a Papres, y otro de Cana”.  Cieza y Betanzos no proporcionan mayores datos geográficos acerca de la ruta de la expedición, sino más bien se dedican exhaustivamente a las emotivas descripciones de las penurias de la travesía selvática, de los monstruosos animales que habitan el bosque tropical y de las obscenas y sanguinarias costumbres de sus aborígenes. Los demás cronistas mencionan en abundancia nombres de etnias y lugares encontrados  por la expedición en su camino. Estos nombres en parte se repiten de un texto a otro y son los siguientes (omitimos los términos ‘antis’ y ‘chunchos’ , que son demasiado genéricos y particularmente polémicos):    Río Patite  (Quipucamayos) / río Paytite  (Sarmiento)    Carabaya    –   región (Quipucamayos) / Carabaya    –   región (Pachacuti)    Mojos    –   etnia (Quipucamayos)    Ayavire, Cane    –   pueblos fundados (Quipucamayos)    Valle de Apolo  (Quipucamayos)    Aguatono  - lugar por el cual se hizo la entrada a la selva (Sarmiento)    Valle de Amaro  - lugar por el cual se hizo la entrada a la selva (Sarmiento)    Pilcopata  - lugar por el cual se hizo la entrada a la selva (Sarmiento)    Provincia del Rio  (Sarmiento)     Opatari    –   pueblo y Opataries    –   etnia (Sarmiento) / Opatarisuyo    –   provincia (Cabello de Balboa) / Patari Suyo    –   provincia (Murúa) / Opataris    –   etnia (Pachacuti) / Opatari    –   provincia (Memoria)    Condin Xabana    –   jefe de los andes (Sarmiento)    Manosuyo    –   provincia (Sarmiento) / Mamansuyo    –   provincia (Cabello de Balboa) / Manan Suyo    –   provincia (Murúa)    Manobambas  - etnia (Cabello de Balboa) / Mano Pampa  - etnia (Murúa) / Manupampa    –   provincia (Memoria)    Mañaries    –   etnia (Sarmiento) / Manari Suyo  (Murúa) / Manares    –   etnia (Pachacuti) / Manari    –   provincia (Memoria)    Yanaximes , en quechua significa ‘bocas negras’ –   etnia, lo mismo que Mañaries (Sarmiento) / etnia que pinta bocas y dientes de negro , lo mismo que Manobambas (Cabello de Balboa)    Río Tono  (Sarmiento)    Chiponauas    –   etnia (Sarmiento) / Chipomaguas  - etnia (Cabello de Balboa) / Chiponahuas    –   etnia (Murúa)    Camata    –   camino (Sarmiento)    Vinchincayna, Cantaguancuru, Nutanguari    –   jefes locales tomados prisioneros (Sarmiento) / Vinchi Cayna, Santa Guancuiro, Nutanguari  (Cabello de Balboa) / vinchin caina, catahuan cuyru,   Nutan Huari  (Murúa) / guamauio, vinchincayna, uariço  (Memoria)    Guanca Uillca    –   provincia (Pachacuti)    Guarmi Auca    –   etnia de las mujeres guerreras (Pachacuti)    Escay Oyas   (‘Iskay uya’ en quechua –   dos caras) - etnia y región, tierra rica que  posteriormente fue llamada El Dorado (Pachacuti)    Paucarmayo    –   provincia (Memoria)    Tomina  –   provincia (Memoria)    Yscayssingas    –    etnia, en quechua significa ‘dos narices’  (Memoria)    Yanpussi    –   provincia (Memoria)    Paucarguambo    –   provincia (Memoria)    Ualapi    –   provincia (Memoria)    Chicoria    –   provincia (Memoria) El documento llamado “La Memoria de las Provincias” (Anexo 04) , de la probanza de los descendientes del Inca Tupac Yupanqui (panaca Capac Ayllu), fue publicado y analizado en 1985 por John Rowe, con una exhaustiva comparación de la etnonimia y la toponimia de la “Memoria” con los textos de Sarmient o de Gamboa, Murúa, Cabello de Balboa y Juan Álvarez Maldonado. El informe de este último autor, que contiene muchos datos valiosos, no ha sido incluido completo en nuestro anexo, porque en su mayor parte consiste en descripciones geográficas y relatos de la expedición del mismo Maldonado, lo cual no cabe dentro de nuestro marco de narraciones sobre expediciones incas. Maldonado usa muchos nombres semejantes a los de la “Memoria” y de otras fuentes que tratamos aquí. Estos nombres son: Paucarmayo, Iscaycingas, Opatari, Manari, Cayanpuxes   (=yanpussi de la ‘Memoria’), Paucarguambo, Manopampa, Paitite  (río, laguna y provincia). Logramos identificar y localizar con cierta precisión tan solo unos cuantos de estos etnónimos y topónimos.
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