El sistema de maquinaria y las determinaciones de la subjetividad revolucionaria en los Grundrisse y en El Capital, in Relaciones económicas y políticas. Aportes para el estudio de su unidad con base en la obra de Karl Marx, Caligaris y Fitzsi

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  El sistema de maquinaria y las determinaciones de la subjetividad revolucionaria en los Grundrisse y en El Capital, in Relaciones económicas y políticas. Aportes para el estudio de su unidad con base en la obra de Karl Marx, Caligaris y Fitzsimons
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  EL SISTEMA DE MAQUINARIA Y LAS DETERMINACIONES DE LA SUBJETIVIDAD REVOLUCIONARIA EN LOS GRUNDRISSE   Y EL CAPITAL 1   Guido Starosta (Centro para la Investigación como Crítica Práctica y Universidad Nacional de Quilmes) 1. Introducción El presente artículo propone una lectura de la exposición hecha por Marx acerca de las formas de la subsunción real del trabajo al capital  – en particular, del sistema de maquinaria propio de la gran industria  – , en términos de la presentación dialéctica de las determinaciones de la subjetividad revolucionaria. La afirmación de que la subsunción real constituye el fundamento de la subjetividad revolucionaria no debería resultar sorprendente. En realidad, esto no es más que la concretización de la comprensión de las determinaciones más generales del proceso de “historia natural” que constituye el desarrollo de la humanidad, expuesto por Marx en los Manuscritos de París de 1844. De acuerdo con aquel texto temprano, el contenido de la historia de la especie humana consiste en el desarrollo de las potencias materiales específicas del ser humano como sujeto trabajador, esto es, de la subjetividad productiva humana . Marx concluye que es en la transformación histórica de las formas materiales y sociales de ésta donde debería residir la clave de la abolición del capital  – y, por ende, la clave de la subjetividad revolucionaria. Sin embargo, aquel intento temprano de hacer la crítica de la economía política no podía ofrecer una comprensión científica rigurosa de las determinaciones sociales que subyacen a la transformación revolucionaria de la sociedad. Ciertamente, Marx logró descubrir analíticamente  al trabajo enajenado como la base social   oculta tras la objetividad cosificada de las formas económicas capitalistas. A su vez, en aquellos escritos tempranos descubrió analíticamente la especificidad del ser genérico humano (esto es, la subjetividad productiva humana) como el contenido material   que se desarrolla históricamente en aquella forma enajenada. No obstante, aunque estos descubrimientos le permitieron asir la determinación (humana) más 1  Traducido por Luisa Iñigo. Una versión más breve de este artículo apareció en la revista Science & Society  .  simple  detrás del contenido y la forma de la abolición del trabajo enajenado, puede sostenerse que no logró desplegar sintéticamente  las mediaciones ulteriores que la constitución material y social del sujeto revolucionario supone (Starosta, 2005). La necesidad teórico-práctica de un desarrollo dialéctico ulterior de la crítica de la economía política, que llevaría finalmente a Marx a escribir El Capital  , expresa lo siguiente: que el fundamento inmanente de la subjetividad revolucionaria no es simple e inmediato; como lo sería, por ejemplo, la pura materialidad general de la práctica productiva humana como contenido negado detrás de la objetividad enajenada de las formas sociales capitalistas 2 . Por el contrario, es una “unidad de múltiples determinaciones”, lo cual implica que su comprensión científica sólo puede ser el resultado de una compleja investigación dialéctica que involucre tanto el movimiento analítico desde lo concreto a lo abstracto como el regreso sintético, mediado, hacia el punto de partida concreto (Iñigo Carrera, 2008). El proceso de investigación  dialéctica debe, en consecuencia, aprehender todas las formas sociales relevantes y reproducir sintéticamente las ‘conexiones internas’ que conducen a la constitución de la acción política de los trabajadores como la forma que toma la transformación revolucionaria de la forma histórica de existir del proceso de vida humana.  Ahora bien, como denota el título de la más importante obra de Marx, el sujeto cuyas determinaciones el investigador dialéctico procede a descubrir y presentar es el capital  , el cual, como sujeto enajenado de la vida social se convierte en ‘la potencia económica, que lo domina todo, de la sociedad burguesa’ y debe, por lo tanto, ‘cons tituir el punto de partida y el punto de llegada’ de la reproducción ideal de lo concreto  (Marx, 1989a: 28). Esto no deja a la subjetividad revolucionaria por fuera del alcance del despliegue dialéctico de las formas sociales capitalistas. Más bien, significa que la subjetividad revolucionaria misma debe ser comprendida como la realización de una determinación inmanente del capital como sujeto enajenado 3 . En consecuencia, su presentación 2   Como sostiene el llamado ‘Marxismo abierto’. Véase Bonefeld et al  ., 1992. 3  Este punto fue agudamente sugerido en la década de 1970 por Giacomo Marramao en su apreciación crítica de la polémica entre las posiciones más subjetivistas de Korsch y los Comunistas de Izquierda holandeses (Pannekoek, Gorter) y el objetivismo de los defensores de la teoría del derrumbe capitalista (Mattick, Grossman). Ver Marramao, 1975/6: 152-5; 1982: 139-43. Al menos  dialéctica debe consistir esencialmente en el despliegue sintético del movimiento contradictorio entre la materialidad y la forma capital hasta su límite absoluto, que muestra a la acción de auto-abolición del proletariado como la forma necesaria en que dicho contenido se afirma. 4  Fue fundamentalmente en El Capital   (pero, crucialmente, también en los Grundrisse ), sobre todo a través de la exposición de las determinaciones de las diversas formas de producción de plusvalía relativa (y, por tanto, de la subsunción real del trabajo al capital), que Marx logró concretizar la dialéctica sistemática del trabajo enajenado. Lo logró al mostrar precisamente lo que la forma capital le hace a la materialidad de la subjetividad productiva humana en cuanto toma posesión del proceso de trabajo y lo transforma. Vista externamente, la cuestión concreta implícita a ser investigada era la siguiente: el capital, ¿transforma a la subjetividad productiva humana de manera tal de investirla finalmente con las potencias materiales necesarias para trascender su forma enajenada de desarrollo? Desde este punto de vista materialista, sólo en tal caso tendría sentido plantear la pregunta por la acción revolucionaria consciente como potencialidad objetiva concreta inmanente en la sociedad capitalista (Marx, 1989a: 87). En otras palabras, el punto señalado por Marx era la necesidad de descubrir las determinaciones materiales de la sociedad comunista bajo su forma de existencia presente como una  potencia enajenada  engendrada por el movimiento autonomizado de la forma-capital, a ser realizada  – esto es, a ser convertida en forma actual   –  precisa y necesariamente mediante la acción revolucionaria consciente del proletariado en su proceso de auto-abolición. formalmente, Marramao puso correctamente de relieve la necesidad de fundar la génesis de la conciencia de clase “en términos del proceso de producción y reproducción”, es decir, dentro de la “objetividad de las relaciones sociales” y  su auto-movimiento (autonomizado). En otras palabras, Marramao veía claramente la necesidad de establecer una firme conexión entre la crítica de la economía política y la “teoría de la revolución”. Más recientemente, la necesidad de encontrar el fundamento inmanente de la subjetividad emancipadora en el despliegue contradictorio de las formas cosificadas que asume la mediación social en la sociedad capitalista ha sido enfáticamente señalada por Postone (1996), si bien su enfoque no está exento de puntos débiles. Ver, al respecto, Starosta, 2004. 4  Para una elaboración de las bases metodológicas de este punto, véase Iñigo Carrera, 2008.  Estas determinaciones aparecen dispersas y son sólo mencionadas al pasar en varios de los textos de Marx. Todas ellas caracterizan a la cualidad específica más simple del comunismo como la organización plenamente consciente del trabajo social como potencia colectiva por los productores así libremente asociados. Es en los Grundrisse , en el contexto de la crítica a la concepción de Adam Smith del trabajo como sacrificio donde Marx ofrece la más clara y concisa caracterización de los atributos generales de lo que llama “trabajo realmente libre”.  El trabajo de la producción material sólo puede adquirir este carácter [c omo “trabajo realmente libre”, GS]  1) si está puesto su carácter social, 2) si es de índole científica, a la vez que trabajo general, no esfuerzo del hombre en cuanto fuerza natural adiestrada de determinada manera, sino como sujeto que se presenta en el proceso de producción, no bajo una forma meramente natural, espontánea, sino como actividad que regula todas las fuerzas de la naturaleza (Marx, 1989b: 120). El aspecto interesante e ‘intrigante’ de este pasaje es que Marx no sólo alega que para ser realmente libre el trabajo debe convertirse en una actividad conscientemente organizada, directamente social, sino también que la consciencia que regule tal actividad productiva emancipada debe ser de un carácter general   y científico.  Como veremos más adelante, este último atributo, raramente mencionado por Marx en otras ocasiones 5 , demostrará ser de suma importancia para nuestra 5  Véase, sin embargo, las observaciones de Marx en los Manuscritos de París  acerca de la necesidad de la constitución de un a “ciencia natural del hombre” o “ciencia natural humana” como base de la práctica humana emancipada (Marx , 1985: 152). La cita de los Grundrisse  de más arriba plantea además el siguiente interrogante. La producción material realmente libre no es caracterizada solamente como de índole científico sino “a la vez” como “ trabajo general  ”. Surge entonces la cuestión del significado de esa expresión en el texto de 1857-8. Al respecto, es interesante notar que en el Tomo III de El Capital, con el objeto de subrayar su especificidad frente al trabajo simplemente cooperativo, Marx sostiene que el trabajo científico es, por definición, trabajo general. Ver Marx, 1997a: 128. Es decir, trabajo general y trabajo científico están identificados inmediatamente, son tomados como sinónimos. Si bien no está discutido explícitamente en El Capital  , esa identificación entre trabajo científico y general puede leerse como apuntando al primero como la expresión plena de las  comprensión de las determinaciones concretas de la subjetividad revolucionaria; una tarea que Marx mismo realizó, aunque no sin tensiones y ambigüedades. A esta altura, me gustaría simplemente reformular la pregunta acerca de la relación entre el capital y la subjetividad productiva planteada más arriba a la luz de aquel pasaje de los Grundrisse . El desarrollo del capital, ¿transforma la subjetividad productiva humana de manera tal de engendrar la necesidad de producir a esta última con los dos atributos generales mencionados por Marx? Más aún, ¿es la clase trabajadora el sujeto que los porta? En este capítulo, entonces, discuto el modo en que Marx, mediante la exposición dialéctica del movimiento contradictorio de la subsunción real, presentó en realidad la génesis del sujeto revolucionario. El argumento es desarrollado primeramente a través de una atenta lectura de la discusión de Marx acerca de las determinaciones de la gran industria en El Capital  , en cuanto esta última constituye la forma más desarrollada de la subsunción real. La esencia de esta transformación capitalista del proceso de producción de la vida humana consiste en la transformación de los atributos productivos del trabajador colectivo según una tendencia determinada: los órganos individuales de éste finalmente se transforman en sujetos productivos universales.  Ésta es la potencias del ser genérico humano. “General” en este context o refiere entonces al trabajo humano que es inmediatamente forma de existencia acabada de la determinación del género   (en la terminología idealista de Hegel, “acorde a su concepto”). En efecto, tal como plantea Marx en los Manuscritos de 1844 , el carácter genérico del ser humano está dado por la forma consciente  de su actividad vital. Luego, un trabajo eminentemente intelectual y realizado por una conciencia objetiva (y por ello científica), expresaría plenamente su determinación genérica y sería, como tal, “general”. No es autoevidente, sin embargo, que Marx tuviera esa connotación del término en la cabeza en el pasaje de los Grundrisse  en cuestión, sobre todo considerando que la expresión alemana utilizada (“ allgemeine Arbeit  ”) aparece en otros contextos c on un significado distinto. Por ejemplo, como significando universalidad  , en el sentido que precisamente se destaca en este artículo, a saber: como una subjetividad productiva con la potencialidad material de particularizarse en cualquier forma concreta de apropiación de las fuerzas naturales. Así y todo, estos dos significados no serían inconsistentes, lo que avalaría la hipótesis de lectura propuesta aquí. Al contrario, como señala Marx en los Manuscritos de 1844 , precisamente por su carácter de género, y a diferencia de las especies animales, el individuo humano es un ser vivo universal, “en tanto hace de la naturaleza toda su cuerpo inorgánico”. Ver Marx, 1985: 110.  
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