Clima, medio ambiente y plagas de langosta en la Península Ibérica y América Central en el último tercio del siglo XVIII.pdf

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  This contribution proposes a comparative approach on the incidence that the climate and environmental conditions exerted in the development of several locust plagues that affected both the Iberian Peninsula and Central America during the second half
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  1  Anuario de Estudios Atlánticos  ISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2018), núm. 65: 065-011, pp. 1-23 CLIMA, MEDIO AMBIENTE Y PLAGAS DE LANGOSTA  EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Y AMÉRICA CENTRAL  EN EL ÚLTIMO TERCIO DEL SIGLO XVIII. UNA APROXIMACIÓN COMPARATIVA   CLIMATE, ENVIRONMENT AND LOCUST PLAGUES IN SPAIN AND CENTRAL AMERICA IN THE LAST THIRD OF THE 18TH CENTURY.  A COMPARATIVE APPROACH Armando Alberola Romá   y Luis A. Arrioja Díaz Viruell   Recibido: 6 de marzo de 2018 Aceptado: 25 de julio de 2018 Cómo citar este artículo/Citation:  Arberola Romá, A. y Arrioja Díaz Viruel, L. A. (2018). Clima, medio ambiente y plagas de langosta en la península Ibérica y América Central en el último tercio del siglo XVIII. Una aproximación comparativa.  Anuario de Estudios Atlánticos , nº 65: 065-011. http://anuariosatlanticos.casadecolon.com/index.php/aea/article/view/10257 Resumen:  Esta contribución plantea una aproximación comparativa sobre la incidencia que el clima y las condiciones medioambientales ejercieron en el desarrollo de varias plagas de langosta que afectaron tanto a la península Ibérica como a América Central durante la segunda mitad del siglo XVIII. Simultáneamente se discuten las coincidencias y diferencias que tuvieron estos fenómenos, y se plantean una serie de vínculos -físicos, biológicos y ambientales- que explican su aparición y desarrollo en dichos espacios continentales. Palabras clave:  langosta, plaga, clima, siglo XVIII, península Ibérica, América Central, sequía, lluvias intensas. Abstract : This contribution proposes a comparative approach on the incidence that the climate and environmental conditions exerted in the development of several locust plagues that affected both the Iberian Peninsula and Central America during the second half of the 18th century. Simultaneously, the coincidences and differences that these phenomena had are discussed, and a series of links - physical,  biological and environmental - that explain their appearance and development in said continental spaces are presented. Keywords : locust, plague, climate, eighteenth century, Iberian Peninsula, Central America, drought, heavy rain. ∗  Este estudio se inserta en el proyecto HAR2017-82810-P, incluido en el Plan Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia promovido por el MINECO (Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España) y la Agencia Estatal de Investigación. ∗∗  Departamento de Historia Medieval, Historia Moderna y CC. y TT. Historiográficas. Universidad de Alicante. Carretera de Sant Vicent del Raspeig, s/n. 03690 Sant Vicent del Raspeig (Alicante). España. Teléfono: +34 965 90 34 44; correo electrónico: armando.alberola@ua.es ∗∗∗  Centro de Estudios Históricos. El Colegio de Michoacán. C/ Martínez Navarrete, 505 – Las Fuentes. 59699 Zamora, Michoacán (MÉXICO). Teléfono: +52 1 351 127 1088; correo electrónico: larrioja@colmich.edu.mx    ©   2   0   1   8   C  a   b   i   l   d  o   d  e   G  r  a  n   C  a  n  a  r   i  a .   E  s   t  e  e  s  u  n  a  r   t   í  c  u   l  o   d  e  a  c  c  e  s  o  a   b   i  e  r   t  o   d   i  s   t  r   i   b  u   i   d  o   b  a   j  o   l  o  s   t   é  r  m   i  n  o  s   d  e   l  a   l   i  c  e  n  c   i  a   C  r  e  a   t   i  v  e   C  o  m  m  o  n  s   R  e  c  o  n  o  c   i  m   i  e  n   t  o  -   N  o   C  o  m  e  r  c   i  a   l  -   S   i  n   O   b  r  a   D  e  r   i  v  a   d  a   4 .   0   I  n   t  e  r  n  a  c   i  o  n  a   l .    ARMANDO ARBEROLA ROMÁ; LUIS A. ARRIOJA DÍAZ VIRUELL 2  Anuario de Estudios Atlánticos  ISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2018), núm. 65: 065-011, pp. 1-23  L A PENÍNSULA I BÉRICA Y A MÉRICA C ENTRAL :  ASPECTOS CLIMÁTICOS Y MEDIOAMBIENTALES (1770-1800) Durante el siglo XVIII tuvo lugar en Europa y América la transición hacia una fase más cálida en las temperaturas ambientales, especialmente al superarse los momentos más severos de la Pequeña Edad del Hielo (PEH). Hasta donde puede observarse, esta pulsación climática se extendió desde mediados del siglo XV hasta el último tercio del siglo XIX y se caracterizó por su gran variabilidad y el rigor de los inviernos. Más que un cambio climático homogéneo lo que ocurrió fue una gran irregularidad y variabilidad en las temperaturas, de acusadas oscilaciones climáticas y de no menores diferencias regionales. La PEH no tuvo un desarrollo lineal, estuvo marcada por fases en las que el empeoramiento en las temperaturas fue notable y, vista en conjunto, fue una época de cambios imprevisibles y de temporales cada vez más frecuentes cuyo alcance adquirió una dimensión «global» puesto que afectó a buena parte del planeta, fundamentalmente Europa, América del Norte y China. Y aunque el frío que se padeció no fue equiparable al de la última glaciación, lo cierto es que abundaron los prolongados y muy severos inviernos que -a su vez- fueron seguidos de primaveras cortas y húmedas. Además, estos inviernos extremos también convivieron con veranos habitualmente frescos e incluso extremadamente calurosos. Por tanto, frío sí, pero no durante todos los meses y tampoco en todos los años; y aunque las temperaturas medias para la PEH arrojen valores que podrían considerarse moderados -el termómetro en general descendió por término medio entre 1ºC o 2ºC- lo cierto es que hubo picos de temperaturas sensiblemente bajas 1 . El “desorden climático” en la península Ibérica durante el siglo XVIII En la península Ibérica los efectos generales de la PEH se padecieron con todo rigor y, lógicamente, durante el siglo XVIII también se experimentaron los vaivenes térmicos y se acentuó la variabilidad climática, sobre todo en las décadas finales de la centuria 2 . En los  primeros años se vivieron las últimas sacudidas del “Mínimo de Maunder”, con inviernos muy fríos y húmedos que dieron paso a veranos secos y calurosos en los que se desarrolló una plaga de langosta durante 1708-1709 3 . Las cuatro últimas décadas conocieron la denominada “oscilación o anomalía Maldá”, caracterizada por la simultaneidad con que se dieron en el Mediterráneo occidental episodios atmosféricos de rango extremo de consecuencias catastróficas 4 . Entre el período final del “mínimo de Maunder” y la “oscilación Maldá” se sucedieron alternativas térmicas e hídricas igualmente extraordinarias que afectaron seriamente a las cosechas y provocaron crisis agudas 5 . Dado esto, no es casualidad que durante el último tercio del XVIII las condiciones climáticas de Europa, en general, y de la península Ibérica, en  particular, se distinguieran por cambios abruptos, repentinos y anómalos. Lo anterior ha quedado plasmado en la abundante y variada documentación de carácter oficial y privada; también los periódicos de la época, como el  Memorial Literario , incorporan en sus páginas algunos diarios meteorológicos y numerosas noticias sobre estos sucesos 6 . En última instancia, contemporáneos curiosos y perspicaces, algunos con formación científica, llevaron a cabo observaciones con barómetro y termómetro, y dejaron constancia del inusual comportamiento térmico de las estaciones, de la mayor frecuencia e intensidad de las precipitaciones y de la irrupción de riadas e inundaciones, además de r eflexionar acerca de la sorprendente coincidencia de estos episodios con persistentes sequías 7 . La reiteración de estos episodios extremos fue lo que acentuó la sensación de desorden atmosférico, episodios a los que en ocasiones se sumaron otros no menos excepcionales como, 1 LAMB (1972), GROVE (1988), BRADLEY & JONES (1992). 2 ALBEROLA (2014). 3 PÉREZ MOREDA (1980), p. 361. 4 BARRIENDOS y LLASAT (2009); ALBEROLA (2014), pp. 116-130 y 199-248; ALBEROLA (2010b),  pp. 168-219. 5 ALBEROLA (2014), pp. 186-199; ALBEROLA (2009a). 6 ALBEROLA (2015); MAS (2017). 7 ALBEROLA (2008); ALBEROLA (2009b).  CLIMA, MEDIO AMBIENTE Y PLAGAS DE LANGOSTA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA… 3  Anuario de Estudios Atlánticos  ISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2018), núm. 65: 065-011, pp. 1-23    por ejemplo, la erupción del volcán Laki -en realidad una grieta dentro del sistema de Grimsvötn- a comienzos de junio de 1783, que ocasionó una catástrofe medioambiental y humana en Islandia, alteró sobremanera la circulación atmosférica de buena parte de Europa y América del Norte, perturbó las temperaturas y, por supuesto, los rendimientos agrícolas 8 . Conviene insistir en que el extremismo hidrometeorológico padecido entre 1770 y 1800 afectó a la práctica totalidad de la península Ibérica y, especialmente y de manera constante, a la fachada mediterránea 9 . Una visión panorámica de las condiciones climáticas que persistieron en la Península durante las últimas décadas del siglo XVIII pone al descubierto que el período 1780-1789 se inició con una prolongada sequía que venía de años atrás, con fuertes calores durante el verano de 1781 seguido de un otoño frío y húmedo y un invierno cargado de nubes y nieblas 10 . La situación se mantuvo, e incluso se agravó en ocasiones por razones exógenas como en 1783 por la aludida erupción del Laki. El año 1788 fue especialmente aciago para la agricultura y deparó un invierno tan gélido que el río Ebro estuvo congelado quince días en Tortosa durante el mes de diciembre. La década fue difícil pues hubo reiteradas cosechas fallidas por lo que el grano escaseó sobremanera, propiciando la carestía y el hambre seguidas de crisis y desórdenes  populares junto con un incremento significativo de la llegada de memoriales de muchas  poblaciones al Consejo de Castilla solicitando ayuda 11 . A partir de enero de 1789, problemas de desabastecimiento y un alza excesiva en los precios del pan provocaron grandes alborotos en Barcelona y otras poblaciones catalanas desde febrero a marzo. En julio de ese año de “crisis universal” estalló la Revolución Francesa. Debemos advertir que la coincidencia de estos episodios hidrometeorológicos extremos y extraordinarios se mantuvo durante la década postrera de la centuria, de ahí que la dura e intermitente sequía que se arrastraba desde mediados de siglo conviviera con violentas y reiteradas precipitaciones que provocaron riadas e inundaciones. Incluso siguieron siendo habituales los inviernos r igurosos, las heladas y los veranos cortos y húmedos salpicados de tormentas y granizadas 12 . Estas circunstancias de carácter climático pudieron influir en el desarrollo y proliferación de las plagas de langosta aunque, como ya adelantamos, un factor determinante fue la persistencia de la sequía durante cinco años o más, combinada con lluvias  primaverales abundantes y un último año extremadamente seco 13 . Oscilaciones climáticas en Centroamérica en la segunda mitad del siglo XVIII Retomando las ideas de Emmanuel Le Roy Ladurie de que el clima del siglo XVIII debe examinarse globalmente y contrastarse en función de causalidades meteorológicas y experiencias en territorios distantes, conviene decir que las condiciones atmosféricas que  predominaron en América Central entre los siglos XVI y XIX se distinguieron por cambiar a cada momento y expresarse a través de ciclos de sequías, períodos de heladas intensas, temporadas de lluvias torrenciales, erupciones volcánicas y plagas de langosta. Inclusive, los trabajos de Claxton, Feldman, Lutz y Oakah confirman que buena parte de estos fenómenos extremos ocurrieron en cuatro momentos (1550-1580, 1665-1700, 1730-1750 y 1760-1807), de los que el periodo 1760-1807 fue el de mayor incidencia y los estragos mayores 14 . Recientemente, los climatólogos Joëlle L. Gergis y Anthony M. Fowler han planteado una conexión directa entre el clima extremo de los siglos XVIII y XIX y los ciclos de “El Niño” y “La Niña” (ENSO) en las costas del Pacífico americano y sus territorios adyacentes 15 . En este 8 ALBEROLA (2012b); BARRIENDOS y GÓMEZ (1997). 9 ALBEROLA (2014). 10 ALBEROLA (2010a y 2012b, 2014), VILLALBA (1802-1803), II, p. 248. 11 Archivo Histórico Nacional (AHN), Consejos , legajos 37168, 37185 y 37195. 12 ALBEROLA (2010b), pp. 180 y ss.   13 DEL CAÑIZO (1942), pp. 190-195. 14 LE ROY LADURIE (2017), pp. 15-20; CLAXTON y HECHT (1978), pp. 195-203; CLAXTON (1986), pp. 139-163; FELDMAN (1986), pp. 63-105; LUTZ (1994), pp. 243-250; JONES (1994). pp. 187-211. 15 GERGIS y FOWLER (2009), pp. 343-387.  ARMANDO ARBEROLA ROMÁ; LUIS A. ARRIOJA DÍAZ VIRUELL 4  Anuario de Estudios Atlánticos  ISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2018), núm. 65: 065-011, pp. 1-23   orden, sugieren que “El Niño” -abundancia de humedad- redujo su presencia en la costa continental entre 1730 y 1850, mientras que el fenómeno de “La Niña” -escasez extrema de humedad- alcanzó en las mismas fechas una frecuencia mayor, especialmente en 1760-1769, 1780-1789 y 1800-1809 16 . Para México central, los análisis dendrocronológicos indican una  persistente sequedad entre 1780-1790, especialmente durante el conocido como “año del hambre” (1785-1786) 17 ; sequedad compatible con la existencia de un calentamiento entre 1760-1910 que señalan los análisis sedimentológicos llevados a cabo en los lagos del Sol y de la Luna en el volcán Nevado de Toluca 18 . Recientes estudios también plantean la conexión entre la aparición de la “Oscilación del Sur” con la irrupción de precipitaciones extraordinarias en invierno y sequías estivales durante la década de los ochenta y comienzos de los noventa, especialmente durante el período 1789-1793 cuyo impacto fue global 19 . Otras investigaciones sobre el ENSO han señalado que cuando los vientos cálidos del oeste  predominaron sobre los litorales se experimentó un incremento en los volúmenes de masa líquida en el océano Pacífico, situación que propició una mayor presión sobre la placa tectónica de Cocos y, por ende, un incremento en la actividad sísmica y volcánica. Al respecto, los estudios de Gill y Keating sobre el ENSO y las erupciones volcánicas de los siglos XVIII y XIX muestran que estas alcanzaron índices de explosividad de tres y cuatro, con abundantes depósitos de sulfuros en la troposfera y estratosfera que trastornaron los procesos de luminosidad solar y crecimiento vegetal. Además, las erupciones de volcanes salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses fueron tan recurrentes e intensas entre 1760 y 1797 que agravaron los episodios de sequía, plagas y epizootias padecidos en esos años 20 . Sobre el influjo del clima extremo en el reino de Guatemala 21 , Antonio de Larrazábal advirtió a principios del siglo XIX   que los cultivos que se fomentaban en cada provincia solían experimentar daños irreparables con las oscilaciones bruscas de las temperaturas, ya fuera con los fríos que llegaban cuando se preparaba la siembra o con las sequías que se presentaban al tiempo del crecimiento y la germinación. En esta misma línea, algunas reflexiones aparecidas en la Gazeta de Guatemala  entre 1798 y 1802 advertían que el clima era una condición mutable, susceptible de cambios y capaz de provocar efectos negativos en plantas y seres vivos; de ahí que sus transformaciones más evidentes se tradujeran en la «falta de agua en los meses oportunos, los hielos en las tierras elevadas y las pestes en los animales» 22 . Un análisis panorámico del periodo 1760-1810 revela que no existió una década en la que la agricultura y sociedad de América Central no padecieran los estragos del clima en forma de sequía extrema acompañada de plagas de langosta. La recurrencia de estos fenómenos se plasmó en numerosas noticias, cartas, disposiciones, rogativas y procesiones que llevaron a cabo las autoridades civiles y religiosas, recurrencia que bien puede servir para documentar una de las  pulsaciones más severas de la PEH en el continente americano que viene a coincidir en el tiempo con la “oscilación Maldá” en el ámbito europeo, en general, y en la fachada mediterránea, en particular. En otros trabajos hemos referido que la repetida presencia de estos fenómenos climáticos extremos causó daños profusos e irreversibles en la flora y fauna de América Central y, sobre todo, posibilitó la proliferación de microorganismos y bacterias en territorios donde antiguamente no existían las condiciones ambientales para su reproducción. Una revisión minuciosa del Archivo General de Centroamérica pone al descubierto que entre 1760 y 1810 se registraron en el reino de Guatemala ocho episodios de sequías, de los cuales los correspondientes a 1769-1773 y 1796-1802 merecieron la consideración de extremos pues afectaron a numerosas provincias y se vieron secundados por una serie de amenazas 16 GERGIS y FOWLER (2009), pp. 367-374. 17 STHALE, COOK, BURNETTE y otros (2016). 18 CUNA, ZAWISA, CABALLERO y otros (2014). 19 MENDOZA, JÁUREGUI y SANDOVAL (2005). 20 GILL y KEATING (2002), pp. 125-140. Otros estudios que corroboran estos planteamientos en KIRCHNER y GRAF (1995), pp. 341-358; BERTRAND y otros (1999), pp. 355-367.  21 El reino de Guatemala comprendía en el siglo XVIII una extensión territorial que iba desde la provincia de Chiapas hasta la porción meridional de la gobernación de Costa Rica. 22 LARRAZÁBAL (1811). Gazeta de Guatemala (1798), n. 94, «Estados de las siembras». Gazeta de Guatemala  (1802), n. 246, «Alteraciones de los climas».  CLIMA, MEDIO AMBIENTE Y PLAGAS DE LANGOSTA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA… 5  Anuario de Estudios Atlánticos  ISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2018), núm. 65: 065-011, pp. 1-23    biológicas 23 . Lo más perjudicial de estas sequías fue su capacidad para prolongarse en el tiempo y espacio, situación que generó daños en la cubierta vegetal, afectaciones en las cosechas,  problemas de desabastecimiento e incremento de precios 24 . A lo anterior habría que sumar el hecho de que las sequías también trastornaron el ciclo de vida de ciertas especies vegetales y animales que servían para contener la erosión de terrenos, incrementaron la presencia de insectos depredadores y facilitaron el desarrollo de patologías animales. Un análisis detallado pone al descubierto que la sequía de los años 1769-1773 afectó fundamentalmente a las provincias de Chiapas y Guatemala. Diferentes informaciones establecen el inicio de los trastornos meteorológicos a partir de junio de 1768, con calores excesivos y ausencia total de precipitaciones. Al poco se añadieron informes de los párrocos de Chiapas y de los pueblos del occidente de Guatemala que advertían de la aparición de brotes de hambre y enfermedad entre sus feligreses 25 . Entre 1769 y 1772 la sequía amplió su radio de acción y los estragos fueron terribles, hasta el punto de que en las provincias de Ciudad Real, Totonicapán, Huehuetenango y Chiquimula bautizaron estos cuatro años como el «período del hambre, la enfermedad y el remanente» 26 . Las consecuencias, al decir de las fuentes, fueron muy graves: campos devastados, desplazamientos humanos, brotes epidémicos, muerte de animales, hambre y conatos de protesta. Paralelamente a la sequía, otros sucesos de causa natural y biológica se precipitaron sobre dichas provincias y contribuyeron a que la desgracia adquiriera mayores dimensiones. Nos referimos a la entrada en erupción de los volcanes Izalco (San Salvador, 1770), Masaya (Nicaragua, 1772) y Fuego (Guatemala, 1772) y a la presencia de una gigantesca plaga de langosta (1769-1772), fenómenos que en su conjunto causaron numerosos estragos en las zonas agrícolas y ganaderas y, por ende, agudizaron el, en líneas atrás aludido, « período del hambre, enfermedad y remanente». Sobre la sequía que irrumpió entre 1796 y 1802, las fuentes revelan idénticas características que las de veinte años atrás, aunque con la peculiaridad de que su área de afectación fue mayor y abarcó la gobernación de Costa Rica, las intendencias de Chiapas, San Salvador, Comayagua y Nicaragua así como todas las alcaldías mayores y los corregimientos de la provincia de Guatemala. Las primeras alarmas sobre la “escasez de agua” se dieron entre julio y octubre de 1796, periodo en el que las autoridades de Costa Rica y Nicaragua revelaron que la falta de lluvias había arruinado numerosas cosechas de maíz, arroz, añil y cacao y que comenzaban a aparecer el hambre y la enfermedad en las provincias de Granada, León y Cartago 27 . Las fuentes muestran que la sequía, lejos de ceder, se extendió aún más y se dejó sentir más allá de la  provincia de Chiapas hasta alcanzar la frontera sur del virreinato novohispano, lo que obligó a los regidores del cabildo de Guatemala a localizar las reservas de maíz y trigo disponibles con el fin de poder redistribuir el grano a las poblaciones desprovistas. Simultáneamente, y dada la «notable escasez de aguas y los grandes perjuicios que de ella vienen al público con las siembras de los granos para el abasto» 28 , solicitaron al cabildo catedralicio la celebración de rogativas en honor de la virgen de la Merced y convocaron, asimismo, una colecta general para reunir fondos y sufragar procesiones, misas y rogativas a Nuestra Señora del Rosario de Santa Cruz con el objeto de paliar la sequía que afectaba el reino. La sequía también impactó negativamente en los precios de los granos que se comercializaban. Los testimonios revelan una realidad compleja asimilable a una crisis 23 HUNT y ELLIOT (2002), pp. 1-12; STAHLE et al.  (2012), pp. 1431-1446; GARZA (2002 y 2014). 24 FLORESCANO y SWAN (1995), pp. 28-31. 25 Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de las Casas, Chiapas (AHDSC),  Fondo diocesano , Carpeta 1700, exp. 1. «Diligencias sobre los naturales que se hallan avecindados en el paraje de la sabanilla para fundar su  pueblo, (1770-1773)». 26 Family Search, AHDSC,  Fondo Diocesano , Cofradías y Cordilleras , 1702-1771, leg. 2. «Informe del cura de Copainala sobre los decesos causados entre 1769 y 1771». 27 Gazeta de Guatemala  (1797), n. 31 «Granada de Nicaragua». Archivo Nacional de Costa Rica (ANCR), Centroamérica , signatura 1095«Bando del gobernador de Costa Rica para exterminar la presencia de langosta (1797)». 28 Archivo General de Centroamérica (AGCA), A1.2, leg. 42, exp. 1053. «Los regidores del ayuntamiento de Guatemala sobre el abasto de granos, (1797)», AGCA, A1, leg. 2841, exp. 25404, «Solicitud del ayuntamiento de la ciudad para llevar a cabo una rogativa pro pluvia, (1796)». AGCA, A1, leg. 2841, exp. 25415, «Solicitud de regidores y particulares para convocar limosnas y oraciones en beneficio de los cultivos, (1796)».
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