Accion asociativa y ciudadania comun ¿La sociedad civil como matriz de la res publica?

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   ACCIÓN ASOCIATIVA Y CUIDADANÍA COMÚN¿La sociedad civil como matriz de la res publica? Daniel Cefaï  Universidad de Paris X Nanterre  En Francia desde los años ochenta, las asociaciones son el lugar privilegiado decompromiso político de la juventud francesa. Todos los trabajos de ciencia políti-ca muestran la «pérdida de confianza» en el sistema de partidos y sindicatos, unasaltas tasas de abstención o de electores no inscritos en el tramo de edad de 18 a 25años, la «crisis de la representación» que hace que un número de jóvenes cada vezmayor se aleje de la política institucional. El movimiento no ha dejado de acen-tuarse en los años noventa y encierra varios fenómenos sin precedentes.Por un lado, los resultados electorales muestran que el voto de los jóvenes nose concentra ya necesariamente en la izquierda. Hemos pasado de opciones radica-les, o al menos claramente de izquierda en los años setenta —en las elecciones pre-sidenciales de 1981 (63% de los de 18-25 años frente al 52% del conjunto de elec-tores) y de 1988 (69% frente al 54%, lo que permitió hablar de la «generaciónMitterrand»)— a un voto más claramente de derecha en 1995 (el 53% de los de18-25 años vota por Chirac). En las legislativas de 1997, los votos, coincidiendocon el resto de los electores, se escoraron hacia la izquierda (51% para la izquierda plural frente al 34% para la derecha), mientras que en las elecciones europeas de1999, el voto favoreció ligeramente a la izquierda (51% de los de 18-24 años) conuna penetración de los ecologistas, liderados por D. Cohn-Bendit (el 18% vota porlos Verdes frente al 21% por el Partido socialista) (Muxel, 2000).Por otro lado, en los años noventa hemos asistido a una subida del voto en losextremos del mapa político. Parte del electorado joven se desplazó hacia el FrenteNacional de J. M. Le Pen (18% en las legislativas de 1993, 18% en las presiden-ciales de 1995, 16% en las legislativas de 1997). La variable nivel de formaciónparece decisiva en este caso; en efecto, el 24% de los jóvenes que no tiene el bachi-    A  p  r  e  n   d   i  e  n   d  o  a  s  e  r  c   i  u   d  a   d  a  n  o  s .   E  x  p  e  r   i  e  n  c   i  a  s  s  o  c   i  a   l  e  s  y  c  o  n  s   t  r  u  c  c   i   ó  n   d  e   l  a  c   i  u   d  a   d  a  n   í  a  e  n   t  r  e   l  o  s   j   ó  v  e  n  e  s 91  llerato superior vota por Le Pen frente al 4% de los jóvenes que cursan estudiossuperiores. Los jóvenes obreros, cuya situación profesional se ha ido deteriorandoo precarizando durante los últimos años, otorgan el 47% de sus votos al FN fren-te al 40% que lo hace a la izquierda (Mayer, 1999). Por último, el fenómeno mássorprendente en las últimas elecciones, fue el resurgir de una extrema izquierda. A.Laguiller, que viene concurriendo a las presidenciales desde 1974 por Lutte Ouvriè- re (Lucha Obrera), un micropartido heredero de la secta trotskista cuyo catecismorevolucionario sigue recitando, se ha convertido en un personaje casi mítico de la escena política. Llegó a concentrar en su persona el 5, 72% de los votos, aparecien-do como una mujer normal e incorruptible en medio de los «escándalos». La Liga Comunista Revolucionaria, liderada por O. Besancenot, joven empleado decorreos con el que muchos jóvenes menores de 30 años se identifican, ganó por suparte el 4, 25% del mercado electoral. La LCR ha iniciado un vuelco estratégicodesde las huelgas y manifestaciones de diciembre de 1995. Ha abandonado su ima-gen de grupúsculo trotskista y ha creado alianzas con todas las pequeñas accionescolectivas existentes, rebautizadas como «movimientos sociales».El éxito de la LCR no es un fenómeno aislado. Se trata de un elemento de la recomposición del espacio público desde 1995. El sindicato alternativo SUD,muchos de cuyos miembros se consideran pertenecientes al anarcosindicalismo, ha logrado una notoria penetración y ha captado partes de los afiliados más jóvenesde la CGT y la CFDT. Buena parte de los conflictos demuestran la desconfianza hacia las grandes centrales sindicales y establecen coordinaciones autónomas. Porotra parte, el compromiso político de los que tienen entre 18 y 25 años ya no seda tanto en organizaciones partidistas o sindicales como en asociaciones. La movi-lización se concentra más en pequeñas estructuras locales —y podemos constatarel atractivo que las pequeñas causas cotidianas, más cercanas, concretas y controla-bles ejerce en los jóvenes— aunque también corre pareja con fenómenos de adhe-sión a organizaciones internacionales como Greenpeace. Un sinfín de asociacionesa favor de los parados, de los sin techo y los inmigrantes sin papeles, en contra delracismo y del Frente Nacional, se han constituido también para formar una gala-xia de redes asociativas que combinan al mismo tiempo objetivos prácticos muy concretos y objetivos morales relevantes y ejercen un fuerte atractivo sobre los más jóvenes. No debemos olvidar tampoco la importancia del compromiso católico y musulmán. En 2003, la marcha del colectivo « Ni Putes, ni Soumises  » («Ni Prosti-tutas, ni Sometidas «), organizada en parte por las Maisons des Potes  (Las Casas delos Colegas) y difundida a raíz del asesinato de una joven en el sótano de un edi-ficio de una ciudad de los suburbios, ha producido también una fuerte conmoción,en particular entre las adolescentes. El sexismo cotidiano parece haber vuelto a sur-gir en la escena pública. Por último, ATTAC es una de las organizaciones que másha movilizado y reclutado a los jóvenes y que dispone de cierta implantación en losinstitutos y las universidades; reúne en torno a ella a buena parte del movimientoalter-mundialista. Son muchos los adolescentes que se inician como activistas endicha organización y encuentran en ella oportunidades de socialización, experi-mentación y cooperación política.    A  p  r  e  n   d   i  e  n   d  o  a  s  e  r  c   i  u   d  a   d  a  n  o  s .   E  x  p  e  r   i  e  n  c   i  a  s  s  o  c   i  a   l  e  s  y  c  o  n  s   t  r  u  c  c   i   ó  n   d  e   l  a  c   i  u   d  a   d  a  n   í  a  e  n   t  r  e   l  o  s   j   ó  v  e  n  e  s 92  Estas referencias demuestran hasta qué punto la sociología de las asociacionesse ha convertido en un campo de investigación muy importante para la compren-sión del compromiso político de los jóvenes. Las asociaciones centran las reflexio-nes contemporáneas sobre la democracia participativa o deliberativa. Constituyenun elemento fundamental en el debate entre republicanismo cívico, liberalismo y comunitarismo. En este texto, vamos a recapitular algunas de las tesis optimistasque abogan por las asociaciones voluntarias e intentaremos examinar sus límites. Así, discutiremos los argumentos que otorgan a las asociaciones el poder de forjarcompetencias cívicas e insuflar virtudes cívicas. Aunque también, algunos ejem-plos tomados de las encuestas sobre la ciudadanía común muestran que la vida asociativa puede dar lugar tanto a lo mejor como a lo peor e invitan a adoptarposturas más comedidas. Para no caer en la ilusión asociacionista, conviene intro-ducir en el escenario las dimensiones del derecho y de la política, que se ignorancon demasiada frecuencia en las tesis sobre el «resurgir cívico» o sobre la evapora-ción del «capital social». Sin embargo, nuestra reserva no es una condena defini-tiva de las asociaciones. Son actores ineludibles de la sociedad civil, cada vez másimplicados en la constitución de componentes de la cosa pública. Daremos algu-nas pistas sobre la cuestión de la habilitación de esos actores de derecho privadopara participar en dispositivos de acción pública. Y partiendo de la noción de«política personal» (  personal politics  ), nos preguntaremos sobre las fronteras fluc-tuantes entre experiencia pública y experiencia privada y también sobre las refe-rencias posibles al bien público. Pese a todas sus ambivalencias, el compromisoasociativo sigue siendo una vía privilegiada de ejercicio de la ciudadanía comúnen los regímenes democráticos. ¿Las asociaciones, lugares de ejercicio de la ciudadanía común? Los seis siguientes argumentos, que abogan por las asociaciones como lugaresde ejercicio de la ciudadanía común, de organización de la sociedad civil y de cons-titución del bien público, plantean todos serios problemas, o requieren al menosalgunos matices.Mediante la expresión «ciudadanía común» entendemos que el sentido de la ciudadanía no es asimilable al tríptico clásico de T. H. Marshall (1964) —garan-tía de derechos legales, políticos y sociales— que insiste de un modo demasiadounilateral en una concepción de los «derechos pasivos» de la ciudadanía. Tampo-co se limita a diferenciar a aquellos que pertenecen de aquellos que no pertenecena una colectividad política, a través del juego de los mecanismos de la naturaliza-ción. No se la puede reducir a algunos indicadores estadísticos como el conoci-miento de las instituciones políticas o de los derechos cívicos, la informaciónsobre los partidos políticos o sobre las políticas públicas. Un estudio de la ciuda-danía común necesita una observación y una descripción de los contextos deexperiencia y de actividad de las personas en su vida cotidiana (Somers, 1993;Turner, 1993 y 1994). Ayuda a entender el modo como esas personas definen y     A  p  r  e  n   d   i  e  n   d  o  a  s  e  r  c   i  u   d  a   d  a  n  o  s .   E  x  p  e  r   i  e  n  c   i  a  s  s  o  c   i  a   l  e  s  y  c  o  n  s   t  r  u  c  c   i   ó  n   d  e   l  a  c   i  u   d  a   d  a  n   í  a  e  n   t  r  e   l  o  s   j   ó  v  e  n  e  s 93  controlan las situaciones y se mueven en los sistemas de coordenadas de sus uni-versos políticos (Morán y Benedicto, 1995; Morán, 1996): cuáles son los temasque consideran problemas públicos, cómo discuten de ellos y qué hacen con ellos,qué relación tienen con la información que les transmiten los medios de comuni-cación, en qué términos expresan su sentido de la libertad, de la justicia o de la igualdad, y de qué forma se implican o no en situaciones de reivindicación colec-tiva. Las asociaciones constituyen un observatorio idóneo para analizar cuáles sonlos recursos cívicos movilizados por los ciudadanos de a pie, cuáles son las virtu-des cívicas que valoran y cuáles son las consecuencias cívicas que desarrollan, enqué actividades cívicas de investigación y experimentación, de razonamiento y deliberación se comprometen y cuáles son las transformaciones de sus entornoséticos y políticos.  Ámbitos de realización de la autonomía personal  Según un primer argumento, las asociaciones constituyen un ámbito que favo-rece la elaboración de un proyecto de sí mismo y refuerza la autonomía personal,ya que permiten proseguir la realización de proyectos colectivos. Las entrevistas conmiembros de asociaciones demuestran hasta qué punto esa actividad elegida libre-mente es de suma importancia para ellos y no se puede reducir a una mera inver-sión utilitaria o lucrativa. Suelen ser momentos fundamentales en su historia vital(Warren, 1995), momentos en los que tienen el sentimiento de que sus recorridosbiográficos les pertenecen de modo singular si se comparan con sus experienciasescolares o profesionales. A través de actividades de reflexión, discusión y acción,la acción asociativa va acompañada de la entrada de sus miembros en relaciones decooperación y conflicto. Los individuos aprenden a afirmarse y enfrentarse, reco-nocerse y respetarse. Viven esa alianza de intercambios de diálogo, coordinación y competencia como fuente de desarrollo personal. Les proporciona un sentimientode afirmación y madurez. Proporciona a los individuos unos elementos de consti-tución de una identidad que les ayuda a autodeterminarse proyectándose en elfuturo, sopesando las ventajas de las que disponen, superando pruebas que los for-man, imaginando alternativas para quien vive esas experiencias, formulando idea-les de vida común. De forma autónoma, los miembros de las asociaciones se danrazones y motivos válidos para lo que quieren hacer y lo que hacen realmente. Par-ticipan en un Nosotros, una comunidad de relaciones de reciprocidad que han ele-gido libremente y en la que pueden situarse como ser individual comparándose conlos otros y en la experiencia de la acción: forjan su propia identidad. Elaboranestrategias para alcanzar sus objetivos, controlan universos de recursos e informa-ción, entran en relaciones de poder y oposición, aprovechan oportunidades y supe-ran la adversidad: utilizan su libertad de acción y «ponen las bases de nuevoscomienzos». Finalmente, pueden ejercer su capacidad de reflexión y crítica, se libe-ran de sus prejuicios y se distancian de sus creencias, adquieren un sentido delcompromiso y del pacto, de la fiabilidad y la responsabilidad, se constituyen como    A  p  r  e  n   d   i  e  n   d  o  a  s  e  r  c   i  u   d  a   d  a  n  o  s .   E  x  p  e  r   i  e  n  c   i  a  s  s  o  c   i  a   l  e  s  y  c  o  n  s   t  r  u  c  c   i   ó  n   d  e   l  a  c   i  u   d  a   d  a  n   í  a  e  n   t  r  e   l  o  s   j   ó  v  e  n  e  s 94  sujetos autónomos, dueños de sus elecciones en ese espacio de intervalos que cons-tituye el colectivo asociativo 1 .Por otra parte, ese criterio de realización de una autonomía personal no esincompatible con la experiencia de un «sí mismo múltiple y fragmentado», que sedispersa en territorios de actividad que tienen sus propias medidas (Walzer, 1983;Boltanski y Thévenot, 1991). El aprendizaje de la diversidad de los modos de pro-ducción de verdad y justicia es una condición de autonomía personal. Constituyeuna iniciación al pluralismo de las formas de vida. Un sujeto ético o político ajus-ta sus comportamientos a los contextos —lo cual dificulta sin duda el tratamientodel acceso a formas de universalidad, aunque al mismo tiempo garantiza que una conducta que no sea liberal en un área de la vida cotidiana no se generalice a todaslas otras áreas. Sin embargo, podemos preguntarnos en qué medida esa autonomía personal tiene un alcance democrático. ¿Es el sí mismo  una finalidad en sí? ¿Acasono se corre el peligro de centrarse en la experiencia de sí mismo, al igual que las«políticas de la identidad» o las «políticas de la autenticidad» que abundan en Esta-dos Unidos? ¿Son equivalentes todos los colectivos de compromiso? Al fin y alcabo, los individuos que entran en la comunidad fraternal del Ku Klux Klan o quese adhieren a una asociación satélite del Frente Nacional encuentran también una autoestima, una identidad y una sociabilidad de las que carecían. La adquisición decompetencias para recoger información, entender mecanismos gubernamentales,organizar energías militantes o dominar el arte de la retórica puede también utili-zarse para fines antidemocráticos; o simplemente puede apoyar la defensa de obje-tivos estrictamente privados, incompatibles con el interés general. Aunque no estépervertida por operaciones de manipulación ideológica o de dependencia organiza-cional, la autonomía personal que el compromiso asociativo proporciona no es unbien público en sí mismo. Microespacios de reciprocidad, de sociabilidad y de solidaridad  El segundo argumento se centra menos en la autonomía personal que en losvínculos de reciprocidad, sociabilidad y solidaridad asociativa. Si tomamos el ejem-plo de las asociaciones cívicas, sus miembros suelen estar implicados en varias aso-ciaciones y participan de modo recurrente en acciones, reuniones o manifestacio-nes comunes. Acaban por conocerse entre sí, comparten experiencias y trayectoriascuando son de la misma generación, tienen relaciones de complicidad y competen-cia, de alianza y antagonismo, y también a veces de amistad. Pertenecen al mismomundo, participan de la misma cultura cívica, viven las mismas efervescencias polí-ticas, comparten la misma memoria colectiva. Utilizando el término de C. H. Coo-ley, una especie de sociabilidad primaria se establece en esas redes de interconoci-miento y de reconocimiento. Es fundamental en el despliegue de las acciones    A  p  r  e  n   d   i  e  n   d  o  a  s  e  r  c   i  u   d  a   d  a  n  o  s .   E  x  p  e  r   i  e  n  c   i  a  s  s  o  c   i  a   l  e  s  y  c  o  n  s   t  r  u  c  c   i   ó  n   d  e   l  a  c   i  u   d  a   d  a  n   í  a  e  n   t  r  e   l  o  s   j   ó  v  e  n  e  s 95 1 Ver con Dubet (1994: 110 y sig.) la resonancia, que reconstruye la experiencia social de losactores como « la articulación de tres lógicas de la acción: la integración, la estrategia y lasubjetivación  ».
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